El talibán lucha y se enriquece

03/Ago/2011

El Observador, Fernanda Muslera

El talibán lucha y se enriquece

3-8-2011
AFGANISTÁN El sangriento 2010 prevé un 2011 peor; el presidente afgano perdió ya tres aliados
FERNANDA MUSLERA FMUSLERA@OBSERVADOR.COM.UY
Tres dirigentes cercanos al presidente Amid Karzai muertos en dos semanas. Uno de ellos, su hermanastro, señalado como uno de los hombres fuertes del país. El año pasado, casi 2.800 civiles fueron asesinados, 15% más que el año anterior. Y se espera que 2011 sea aún peor. Como telón de fondo, la finalización de la primera fase de transferencia de las fuerzas de la OTAN el 24 de julio, proceso que culminará en 2014 con el traspaso total de las responsabilidades a las tropas afganas.
Mientras, con el opio como principal fuente de financiación, los talibanes siguen al acecho. Más del 90%, del tráfico mundial de opio está en sus manos, lo que les suministra unos US$ 500 millones al año, según datos de las Naciones Unidas. Frente a este panorama poco alentador, se plantea el interrogante acerca de si el retiro de las tropas de la OTAN se está realizando antes de tiempo o si es que nunca debieron ingresar en este país asiático convertido hoy en un «narcoestado» que lidera la producción mundial de heroína.
Doce de julio. Ahmed Wali Karzai, hermanastro del presidente afgano, es asesinado a tiros por uno de sus guardaespaldas en Kandahar, bastión de los talibanes. Se presume que el agresor trabajó durante años para las Fuerzas Especiales estadounidenses y la OTAN. Diecisiete de julio: Jan Mohamed Kan, uno de los consejeros más influyentes del primer mandatario afgano, es asesinado en Kabul. Veintisiete de julio: el alcalde de Kandahar, Ghulam Haidar Hamidi, también muy cercano a la familia Karzai, es asesinado por un kamikaze con la nueva modalidad de la región: el turbante bomba. Tres meses antes había sido asesinado Khan Mohamed Muyahed, el jefe de Policía de Kandahar. Según publicó el diario español ABC, esta situación está creando «un auténtico estado de pánico» en el círculo de aliados del presidente.
Los talibanes dijeron que el atentado contra el hermanastro de Karzai, a través de un custodio «adoctrinado», fue «un plan meticuloso y genial» pensado «durante mucho tiempo».
Ahmed Wali Karzai estaba al frente del Consejo Provincial, era el hombre fuerte del sur del país y señalado como quien contenía la complicada situación en la provincia de Kandahar. Acusado de corrupción y de tráfico de opio, el hermano del presidente era al mismo tiempo una pieza clave en el mantenimiento del poder de Hamid Karzai, un baluarte de extrema importancia contra los talibanes y un aliado e interlocutor de las fuerzas internacionales. Según The New York Times, se está produciendo un vacío de poder en la zona, una de las más complicadas del inestable país, ya que la familia de Karzai se encuentra dividida. Uno de sus hermanos, Mahmoud Karzai, declaró al diario estadounidense: «Discrepo por completo con el presidente Karzai sobre todos los niveles, el militar, la seguridad y la economía». El poder de Karzai en el conflictivo sur del país está menguando.
El año 2010 fue el más sangriento desde que empezó el conflicto, tanto para civiles como para las fuerzas internacionales. Según el informe anual de Naciones Unidas, 2.777 personas murieron el año pasado, un 15% más que en 2009. Los talibanes y otros insurgentes son los responsables del 75% de las muertes, ocurridas, en su mayoría, en atentados con bombas; 692 soldados de las fuerzas internacionales murieron en 2010, lo que convierte a este período en el más letal para los efectivos extranjeros en los nueve años de guerra.
Según un portavoz militar de la OTAN, los soldados foráneos en Afganistán deberán enfrentar en 2011 «mayor violencia» de los talibanes que en 2010. La OTAN cuenta aún con 130 mil soldados en Afganistán, de los cuales dos tercios son estadounidenses.
Según la revista online Opendemocracy.net, muchos afganos describen el ciclo actual de violencia menos como un conflicto entre los talibanes y las fuerzas de la ocupación y más como un negocio mutuo por el cual las partes beligerantes (las élites políticas y económicas, los fuerzas internacionales y los insurrectos) usan la inseguridad como una cubierta para sus ambiciones personales políticas y económicas. Según la revista, demasiados grupos tienen interés en perpetuar el conflicto.
A tres años de que se cumpla el plazo de retiro de las tropas internacionales de Afganistán, el escenario es desalentador. Los altos mandos del Ejército estadounidense y de la OTAN advirtieron, en reiteradas ocasiones, al presidente Barack Obama que una retirada apresurada podría poner en peligro importantes objetivos logrados contra los talibanes. Pero para los estadounidenses esta es una guerra impopular y cara, y Obama se enfrenta a una posible reelección el año próximo. Difícil saber cuánto incidió la política interna en la decisión de retirar 33 mil soldados de Afganistán antes de setiembre de 2012.
La amapola: el opio de los pueblos
Afganistán es el estado que más droga ha producido en los últimos 100 años y utiliza más territorio para la producción de opio que toda Latinoamérica para la cocaína. Mientras que las fuerzas de la OTAN han logrado importantes avances en el norte de Afganistán, las provincias sureñas de Helmand and Kandahar, centro del poder talibán, representan más del 70% del cultivo de opio del país.
En un lugar donde alrededor del 80 % de sus habitantes son campesinos, el cultivo de opio representa para el productor una opción redituable y segura. Por ejemplo, mientras los ingresos por hectárea de opio en 2009 eran de US$ 3.562, la de trigo equivalía a US$ 1101. El cultivo de la amapola se ha convertido en un problema de difícil erradicación pues representa el sustento de miles de familias e implica no solo a los talibanes sino a una extensa red de corrupción, que ha llegado a salpicar hasta al gobierno. Según datos de las Naciones Unidas, el dinero que mueve la corrupción equivale a una cuarta parte del PBI del país.
A pesar de la ocupación de las fuerzas de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán en 2001, fue a partir de ese año que se disparó el cultivo de opio en la región. Poco antes, a partir de un edicto religioso, el programa talibán para la erradicación de la droga consiguió un descenso del 94% en el cultivo de opio. Según analistas del Real Instituto Elcano, la espectacular reducción del cultivo de opio en 2001 obedeció al intento del gobierno talibán de controlar la caída de los precios internacionales causada por la sobreproducción, y no a su lucha contra el narcotráfico.
La heroína mata a unas 100 mil personas anualmente y convierte en adictos a 15 millones, según el informe «Adicción, crimen e insurgencia: la amenaza transnacional del opio afgano», elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito.